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TEXTO APRESENTADO NO SEMINÁRIO
"ACORDOS REGIONAIS DE LIVRE COMÉRCIO VIGENTES E ALCA" REALIZADO PELA ABCE, EM 27 DE ABRIL DE 2001

COMENTARIOS SOBRE LA POLÍTICA COMERCIAL Y LAS OPCIONES DE INSERCIÓN COMPETITIVA BRASILEÑA EN EL MERCADO INTERNACIONAL

Renato L. R. Marques

(Embajador, Negociador del ACE-18, para la apertura de mercado entre Brasil y Argentina, en el ámbito del Programa de Integración bilateral; del Tratado de Asunción, constitutivo del Mercosur; del Protocolo de Ouro Preto; de los Acuerdos de Libre Comercio con Chile y Bolivia; entre otros. En 1993 fue Secretario de Comercio Exterior. Miembro de la Delegación brasileña en las reuniones, para la negociación del ALCA, realizadas en Denver, Cartagena de Indias, Recife y Belo Horizonte).


1. La extensa agenda comercial externa brasileña fue marcada recientemente por acontecimientos que motivan una necesaria reflexión sobre las tendencias en curso. De un lado, la imposición de penalizaciones a Brasil por la OMC, en el contexto de la controversia entre la EMBRAER y la Bombardier canadiense; del otro, la formalización del anuncio chileno de apertura de negociaciones con los Estados Unidos para la celebración del acuerdo de libre comercio (que produce un inequívoco cambio repentino en su declarada disposición de convertirse en miembro de pleno derecho del Mercosur) y el cuadro de presiones para la anticipación de los plazos de operación del ALCA. Brasil se encuentra, a rigor, confrontado con la necesidad de evaluar las implicaciones en este escenario emergente en su múltiple condición de integrante del Mercosur (a través del cual tiene acuerdos de libre comercio con Chile y Bolivia), y de país envuelto en negociaciones para la liberalización del intercambio con los países andinos (Mercosur/CAN), con sus socios del hemisferio (ALCA) y con Europa (Mercosur/EU). Esas iniciativas se sobreponen a los acuerdos comerciales y arreglos tarifarios vigentes con otros varios países, vía instituciones multilaterales de comercio, como la ALADI (de ámbito regional) y la OMC ( a nivel mundial). Este conjunto de entendimientos, ya celebrados o "in fieri", son importantes en la medida en que definen, para todos los efectos, las principales fórmulas para la inserción de Brasil en el mercado internacional, en el contexto de la búsqueda de una creciente competitividad interna y externa para su economía.


2. El tema inevitablemente se inserta en la cuestión mayor de la globalización y de la estrategia de cada país para mejor aprovechar las oportunidades que se le abren en esa coyuntura internacional. En este sentido, cabe a los gobiernos, a los agentes económicos y a la sociedad como un todo, reflexionar sobre que fórmula se ajusta más a sus intereses nacionales.

El objetivo de este artículo es el de contribuir para este analisis, que tendrá distintos matices y resultados según la dimensión de la economía y la localización geográfica de cada país. Así, países pequeños, con reducido mercado doméstico, tenderán a optar por una integración más amplia en la economía internacional, por fuerza incluso de sus condicionantes internos. Ahi están varios países asiáticos con buenos resultados (Singapur, Hong Kong, Taiwan y Corea) para probar esta tesis. Por otro lado, la proximidad de grandes mercados o de agrupaciones regionales poderosas tienden a ejercer um poder irresistible de atracción, por el efecto saludable de esa asociación (EUA es para México un motor importante de desarrollo, así como España y Portugal pasaron por transformaciones económicas radicales, gracias a su adhesión a la Unión Europea, lo que conlleva un inevitable efecto "demostración" sobre los países de la Europa del Este, deseosos también de poder disfrutar de un mercado ampliado y de recursos adicionales de financiación de su recuperación económica y social). En todos esos casos, la opción define una estrategia de desarrollo.


3. Como se comportan estos factores en el caso de Brasil?. Un balance de los principales polos dinámicos de la economía internacional revela, a grosso modo, el siguiente cuadro:

a) en Asia, el choque provocado por el cambio del padrón oro, en la administración Nixon, llevó a una valorización creciente del yen, que impuso un desafío dramático de competitividad a Japón. Como resultado, aquel país tuvo que incrementar radicalmente su productividad e invertir en tecnología, substituyendo mano de obra por capital. La concentración en líneas de producción de mayor valor añadido o calidad, promovió la transferencia, a los países vecinos, de aquellos procesos productivos que requiriesen mano de obra más barata y costes sociales más bajos para continuar siendo competitivos, lo que dio como resultado sucesivas olas de expansión económica en la región (este mismo fenómeno se repetiría, después de algún tiempo, con la primera generación de los "tigres asiáticos" - Hong Kong, Taiwan, Singapur - que pasaría a buscar nuevos "refugios" en Filipinas, Malasia, Indonesia, etc.). En este modelo de integración informal, cada "tigre" está básicamente volcado para la importación de materias primas, alimentos y energía, con su producción industrial dirigida a los mercados externos. La dificultad de inserción de Brasil en un esquema de esta naturaleza parece evidente, sea por las distintas características territoriales, sea por la distancia entre Brasil y la región, por citar apenas las más obvias.

b) la Unión Europea es hoy el ejemplo más completo de agrupación económica regional. Surge en el contexto de superación de las rivalidades históricas entre Alemania y Francia y rápidamente se consolida como una alianza de intereses entre la industria de la primera y la agricultura de la segunda. Esa característica permanece como el elemento más marcante del mercado común: la libre circulación de mercancías asegura el desarrollo industrial y la política agrícola común (PAC), incluso a pesar de su elevado coste, actúa como factor de estabilidad social al viabilizar la permanencia del hombre en el campo y así evitar el éxodo rural en masa, con todos sus conocidos efectos perniciosos (aglomeración en la periferia de las grandes ciudades, aumento de la criminalidad urbana, etc.). No es por acaso que los países del Este europeo vienen, desde ya, pleiteando el acceso a los mecanismos de la PAC (en especial, el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola-FEOGA) como primer paso de su ingreso en la Unión Europea. Además los "recursos propios" europeos (recaudados sobre la parcela del IVA de los Estados Miembros, a los que se suman los impuestos de importación de los productos agrícolas de terceros países, más competitivos, como Brasil y sus socios del Mercosur) son fuente de inversiones en áreas deprimidas (como es el caso del Fondo Europeo de Desarrollo Regional-FEDER), en grupos sociales menos favorecidos ( en el caso del Fondo Social Europeo-FSE, volcado para el fomento de la integración en el mercado de trabajo) y en países cuyo PIB es 90% inferior a la media comunitaria (es el caso del Fondo de Cohesión, del que se benefician España, Portugal, Grecia e Irlanda, sobretodo en proyectos ambientales y de infraestructura). Por otro lado, los acuerdos de asociación que la Unión Europea tradicionalmente subscribió con sus vecinos de la antigua Área Europea de Libre Comercio (AELC), resultaron hoy en la casi total incorporación de eses países al Tratado de Roma (como Austria, Suecia, etc.). Otros arreglos fueron establecidos con las excolonias (que aprovecharon el ingreso de sus metrópolis para beneficiarse del acceso selectivo al mercado europeo, generalmente de productos tropicales, como forma de no alterar substancialmente la oferta de esos productos en las antiguas metrópolis) o con los países de la cuenca del Mediterráneo (dentro de una política de seguridad regional y de, en algunos casos, contención preventiva de corrientes migratorias - caso del Magreb). El acuerdo de la EU con México tiene su peculiaridad propia y es visto aqui más como una vía de acceso de empresas europeas al mercado americano de que como un instrumento creíble de aumento del intercambio en las dos Partes. No se debe además perder de vista que el reducido peso de la agricultura mejicana posibilitó que el sector no fuese una traba a las negociaciones. Ante ese cuadro, no se puede tampoco visualizar una posible inserción de Brasil en la Unión Europea, por faltarle el elemento esencial básico, que es la condición de europeo, la cercanía o los vínculos históricos supra mencionados.

c) el NAFTA congrega los tres países de América del Norte, como su propio nombre indica. En la condición de acuerdo de libre comercio, se limita a regular el intercambio entre sus integrantes, sin disponer de mecanismos "compensatorios" y de estructura administrativa, como la existente en la Unión Europea. Se trata, una vez más, de una imposición de la geografía (a pesar de los inevitables riesgos de interpretación que este argumento suscita). El NAFTA perfeccionó las condiciones de comercio entre los EUA y Canadá y permitió una intervención más racional por parte de los gobiernos de México y de los EUA en la "integración silenciosa" que ya se venia procesando entre ambos (implantación de "maquilas" para beneficiarse de los menores costos laborales y afines al sur del Rio Grande, éxodo temporal de trabajadores a través de la frontera común, etc.). El lado mejicano se benefició del reconocimiento formal de la dinámica que los agentes económicos habian desarrollado en las últimas décadas y Washington obtuvo benefícios al condicionar la evolución del proceso a reglas más rígidas en los ámbitos laboral y ambiental (pero no al punto de comprometer el proceso, en la medida em que le interesaba disponer de válvulas de escape y asegurar condiciones mínimas de desarrollo económico en su frontera meridional). Buena parte de esos elementos no están presentes - por lo menos con la misma intensidad - en el caso de Brasil. Lo que no lo convierte en un candidato natural a una asociación como el NAFTA, a pesar de amplia presencia de inversiones americanas en el país (en los últimos años superado por las españolas), del grado de complementación industrial alcanzado en varios sectores (perceptible en nuestra pauta de exportaciones), entre otros aspectos del complejo relacionamiento económico Brasil/EUA.


4. Lo arriba mencionado confirma, a mi modo de ver, que Brasil no es un país de inserción automática en ninguno de los principales polos dinámicos de la economía mundial y que, por lo tanto, está obligado a buscar su propia identidad e a desarrollar su proyecto nacional apartir de datos que no le son suministrados por la geografía (distancia de estos principales centros económicos) o por la historia (no me parece irrelevante que, más que una excolonia portuguesa, hemos sido capital del Imperio en los inicios del siglo XIX y que, desde entonces, hemos ocupardo una posición de mayor trascendencia económica de que la antigua metrópoli). Brasil no puede así, a mi modo de ver, tener una actitud refleja en la definición de su modelo de inserción internacional, bajo pena de ser condenado, por la fuerza del cuadro prevaleciente, a una posición subsidiaria y periférica. Las diversas posibilidades abiertas por el menu negociador brasileño nos coloca ante los siguientes escenarios (que no son necesariamente alternativos y/o excluyentes):

a) OMC - el desinterés de los países desarrollados (en general, satisfechos con el grado de apertura alcanzado en el mercado internacional durante la Ronda Uruguay, donde llegaron cerca del límite negociador, lo que les deja poco propensos a reeditar el "impasse" sobre los temas agrícolas) y el movimiento contestatario de la globalización iniciado en Seattle por una gama heterogénea de intereses (desde sindicatos de estibadores – salvo equívoco, favorecidos por el incremento del comercio exterior - hasta organizaciones ecológicas de múltiples naturalezas) parecen tener peso suficiente para mantener al "baño-maría" la apertura de la nueva Ronda del Milenio. Independientemente de esas condicionantes, no estoy seguro de que Brasil alcanzaría resultados espectaculares en materia agrícola en esta oportunidad. En primer lugar porque la liberalización de los mercados agrícolas no deberá emerger de entendimientos globales entre los principales protagonistas (EUA y EU), pero si probablemente de arreglos específicos, al por menor, entre cada uno de los participantes. En segundo lugar, porque estos arreglos (de que derivan, por ejemplo las cuotas de "hilton beef" de Argentina en la EU, desde la Ronda de Tokio), deberán tener un precio para Brasil, que seguramente recaerá sobre sus sectores industrial y de servicios. La idea de que concesiones otorgadas en rondas anteriores podrán influir favorablemente en entendimientos futuros, ignora el comportamiento clásico de las grandes potencias económicas, absolutamente aferradas a sus intereses nacionales y/o empresariales, acostumbrados que están a su propia fuerza y poder (que les permite, por ejemplo, adoptar sin contestación los mecanismos arbitrarios de defensa comercial de la Super 301 o mantener inalterado el sistema de subsidios de la PAC desde la creación del extinguido GATT). La retomada de los tratados en el ámbito de la OMC pueden así, como mucho, ser encarada como una oportunidad de negociar la apertura calificada ("contingentes") de mercados para ciertos productos agrícolas versus contrapartidas en los campos industrial y de servicios. El énfasis en los logros agrícolas potenciales tiene, en mi opinión, hecho tabla rasa y rebajado los costes en estos otros campos. Es preciso, por lo tanto, ponderar el "trade off" posible, para asegurar que nos sea ventajoso (como por ejemplo reservando para aquella oportunidad "concesiones" en puntos que el país considera de su propio interés y que estaría dispuesto a adoptar unilateralmente). En este sentido, la eventual revisión a la baja de la Tarifa Externa Común (TEC) del Mercosur, podría - caso ocurra - constituir esse aporte (salvo en casos puntuales, que consideramos que seria de interés su aplicación inmediata).

b) ALCA - la adhesión brasileña al programa del ALCA esta, hasta ahora, declaradamente fundamentada en la doble convicción de que: 1) nos daría acceso privilegiado al mercado americano en sectores tradicionales sobre los que pesan medidas restrictivas/punitivas (como el siderúrgico, textil, calzados, zumo de naranja, carnes y azúcar, entre otros); y 2) la inserción en el esquema de desgravación regional nos evitaría sufrir "preferencias negativas" en mercados latinoamericanos a los que EUA (y Canadá) pasarían a tener acceso vía programa de liberación tarifaria y - caso nos excluyamos del ejercicio - nos desalojarían de esos mercados. Creo que estos argumentos merecerían un examen más profundo. En primer lugar, habría que preguntarse cuál es el proyecto estratégico brasileño de desarrollo. En otras palabras, ¿qué perfil productivo/industrial tiene previsto Brasil desarrollar en el siglo XXI, teniendo en cuenta las oportunidades que nos ofrece el cuadro de negociaciones en curso?. ¿La expansión de los sectores antes mencionados es de tal interés para Brasil, que vale la pena el precio de la apertura sin restricciones del mercado nacional a la mayor potencia económica actual?. ¿Brasil se especializaría en qué áreas de producción, dentro de la nueva correlación de fuerzas económicas que emergería en la ALCA?. ¿Qué reglas ambientales y laborales serían aplicadas en el nuevo esquema regional?. ¿Nuestra posición de potencia intermedia no nos dejaría en el peor de los mundos, al perder todas las ventajas de nuestro mercado interno?. Al final, la reducción del 20% de los impuestos de importación de automóviles - una apertura cualificada y conservadora, si vista contra el grado de desarme tarifário implícito en la ALCA - promovió cambios significativos en el perfil sectorial del país: favoreció la importación de modelos de lujo y concentró la producción en automóviles de pequeño porte. En este sentido, parece constituir un antecedente importante a ser evaluado, por su eventual sentido premonitorio (lo que no significa decir negativo). Además de eso, ¿al no disponermos nosotros de la misma laxitud fiscal y laboral que otros países menores en la región, no estaríamos sujetos a un indeseable redireccionamiento futuro de las inversiones destinadas al país?. ¿Para cuales sectores ya instalados en Brasil, redundará en ventajas, a medio y largo plazo, el desmontaje del arsenal punitivo da la Super 301, desbloqueando el acceso a todos los sectores?. Por ejemplo, algunos sectores (como el de auto-piezas, textil y agroalimentario) ya se manifestaron favorable-mente a la apertura recíproca, entendiendo que saldrían ganando. ¿Qué otros sectores comparten esa convicción?. Las respuestas a esas preguntas no pueden (o no deben) ser de cuño ideológico. Deben ser fruto de una profunda reflexión sobre el modelo de desarrollo de mayor interés y ventaja para el país y sobre el balance de perspectivas abiertas por la ALCA. En cuanto a las llamadas "preferencias negativas" (o sea, las desventajas de acceso a los mercados de la región, por no usufruir de reducciones tarifarias en comparación con los demás), estas tienen que ser vistas al amparo de las respuestas a las cuestiones antes formuladas, teniendo en cuenta el impacto dinámico de la implantación de la ALCA, y no estático, como parece prevalecer en la mayoría de los análisis en curso, que dan énfasis a la apertura de mercado para los productos penalizados por la legislación americana, ilegal ante los preceptos de la OMC (aparentemente más suave con los "pecadillos" de los EUA - y la EU - de que con los nuestros). El balance de las ventajas/desventajas no puede, además, dejar de considerar si hay producción de los itens que haran competencia en los Estados Unidos. (de lo contrario sería un argumento vacío) y si la escala y la competitividad de los demás países envueltos en el proyecto de la ALCA es de molde a desplazar nuestros productos (teniendo en cuenta que, a excepción del MERCOSUR, no disponemos, en general, de preferencias tarifarias - o las tenemos en dimensiones reducidas - en estos otros mercados latinoamericanos). La aplicación de la tesis de las "preferencias negativas" a América Central y al Caribe parece, además, académica, dada la mayor presencia histórica (y el mayor peso económico) de los EUA (y de México y Canadá) en la subregión (tendencia que no es de suponer sea radicalmente revertida con la ALCA, esto si no fuere acentuada). Un tercer argumento blandido con menor frecuencia pero no menos usado, es el que afirma ser la ALCA una manera de "compensarmonos" por las pérdidas de mercado resultantes del ingreso de México en el NAFTA. El grado de complementación económica alcanzado entre los dos países (del que las "maquilas" son la parte más visible), me lleva a creer que el comercio practicado en determinados sectores (y habría que identificarlos) no seria esencialmente afectado por una mayor apertura del mercado americano. Podría haber una mejoría de la competitividad brasileña, pero esta sólo se traduciría en mayor comercio para nosotros en aquellos sectores que estuviesen al margen de los negocios intra-empresa (americano/mejicanas), o en que nuestra calidad y precio fuese tan superior al punto que superase las ventajas de la proximidad geográfica mejicana. Por todo eso creo que la ALCA tendería a ser, desde el punto de vista comercial, francamente favorable a los EUA. Bien es verdad que la apertura de las economías latinoamericanas en la década de los noventa - como soporte de la estabilidad macroeconómica alcanzada - ya aseguró un acceso suficientemente importante para los EUA, al punto de disminuir las presiones pro-ALCA dentro del país (el caso del mercado brasileño de la informática es un ejemplo cabal de esto - si bien yo no estoy proponiendo el retorno de la protección anterior, de cuyos efectos solamente ahora empezamos a recuperarnos). En este contexto, tienden a manifestarse sobretodo intereses americanos pasíbles de ser afectados por la apertura de mercado, como los siderúrgicos, frutícolas, etc., que frenan el ritmo y la capacidad de negociación americana. La inexistencia del "fast track" deja, a mi modo de ver - a pesar de las contradicciones económicas de la postura de los EUA - el gobierno de Washington en una situación relativamente cómoda puesto que la aprobación legislativa y la consecuente transparencia del mandato negociador americano, probablemente incluiría restricciones al acceso en determinados sectores de su economía e impedimentos al desmantelamiento de la Super 301. Lo que limitaría el interés latinoamericano en el ejercicio y legitimaría acusaciones de que Washington no va en serio (recuérdese que la aparición de la ALCA ocurrió durante el "impass" de la extinta Ronda de Uruguay de la OMC, cuando no estaba clara la disposición europea de superar las diferencias entonces prevalecientes con los EUA, sobretodo en materia agrícola). En estas condiciones, lo que está en juego sobrepasa, en mucho, cuestiones procedimentales relativas a plazos (2003 ó 2005) en metodología de negociación de la ALCA ( si el país debe negociar con reglas definidas por un conjunto heterogéneo de 35 países, con votos de peso idéntico, a pesar de que algunos de ellos puedan tener intereses nulos en campos tan sensibles como el industrial o el de servicios). La cuestión de la ALCA no es una discusión en torno a "cimas tarifarias" o de mejoría relativa de acceso de ciertos sectores al mercado americano - es una cuestión sobre el método brasileño de desarrollo y sobre la naturaleza y el alcance del proyecto nacional que se pretende ejecutar. En el fondo, es una definición sobre si vamos a enfatizar el desarrollo interno (sin veleidades autárquicas, bien entendido) buscando la creciente incorporación de la ciudadanía al mercado de trabajo y a la economía formal o si vamos a "exportar" ese problema y resolverlo vía inserción como grande país periférico en la órbita económica americana. La ALCA coloca encima de la mesa la esencia del proyecto estratégico brasileño de inserción competitiva en el escenario internacional, y en el fondo, la cuestión de la identidad que el país pretende construir para si en el siglo que se inicia.

c) Unión Europea - la negociación de un acuerdo de libre comercio con la EU tiene que verse paralelamente a los entendimientos en curso en la ALCA. Coloca las mismas cuestiones estratégicas y merece ser objeto del mismo tipo de reflexión apuntado anteriormente. De la misma forma que la ALCA, el acuerdo de libre comercio con la EU sufre la resistencia de los sectores europeos menos competitivos (nombradamente el agrícola), que prácticamente bloquean cualquier avance. Esa tendencia no deberá cambiar pues la Política Agrícola Común (PAC) es el principal cimiento de la Unión Europea, al preservar una amplia gama de actividades agrícolas, contribuir para generar rendimientos en el campo y, en última instancia, para la estabilidad del conjunto de la sociedad en cada uno de los países miembros del mercado común. El énfasis en estos aspectos es asumida tranquilamente por los europeos, que son los primeros en admitir que "en la zona euro hay una rigidez del mercado laboral mayor del que en la zona dólar, a cambio de una mayor estabilidad social". La retórica antisubsídio difícilmente deberá caer así en terreno fértil. El ciudadano europeo es consciente de los altos costes de la PAC - financiados, como dicho antes, en buena parte por los impuestos de importación de productos agrícolas de terceros países, como los del MERCOSUR - pero considera que ese es un precio justo a pagar por la seguridad alimentaria (cuestión que no es de menor importancia ante el fantasma de dos guerras mundiales), por la estabilidad social y por una mejor distribución de la población en el espacio europeo. Esa convicción no parece estar sacudida ni incluso por el conocimiento de que, como toda política intervencionista, la PAC no está inmune de fraudes (como el del lino en España). Por cierto, por hablar de este país, me parece liviana su mención como ejemplo de lo que se puede alcanzar vía ALCA. Esto porque el proyecto regional no dispone del arsenal de medidas de apoyo a la reestructuración económica, en los moldes europeos. Así España se abrió para Europa, colocó su economía en orden, pero disfruta de las protecciones externas comunes a la EU (tal como en los sectores agrícola, textiles, pesca etc.) Además de eso - y al contrario de los que hace creer la vana filosofía - España no es un país con tal fortaleza en el sector de servicios (bancos, telefonía, etc.) que conquistó el mercado latinoamericano con la fuerza de una avalancha irresistible. Al contrario, las inversiones realizadas por España en la región fueron dirigidas - dentro de una estrategia bien trazada y vencedora - a fortalecer sus empresas para sobrevivir ante la competencia avasalladora de sus homólogas europeas, tales como los bancos alemanes y las telefonías inglesa y francesa. ¡Tan acertada fue esta estrategia, que el pasado año, el 50% de los beneficios de la "Telefónica de España" fueron generados en el mercado brasileño!. Volviendo a la cuestión anterior, mi impresión es que los acuerdos entre la UE tenderán a restringirse, en el futuro, a la discusión de algunas aplicaciones poco representativas del acceso al mercado agrícola europeo, sea porque las perspectivas de los actuales Quince se verán afectadas por el aumento de la oferta local en razón de la incorporación de los países del antiguo Este europeo, sea porque eventuales liberalidades de parte de Bruselas serian fulminadas con pedidos de compensación por los EUA, Australia, etc., en el ámbito de la OMC. Este escenario, incluso en su dimensión más conservadora, será probablemente atrayente para nuestros socios del MERCOSUR, ya que las contrapartidas deseadas por los europeos en los campos industrial y de servicios estarían básicamente volcadas para el mercado brasileño.

d) ALCSA - la conformación de una área de libre comercio suramericana - que mejor corresponde, a mi modo de ver, a los intereses brasileños - no es un proyecto destituido de dificultades. La constitución del Mercosur se llevó a cabo con países vecinos con los que teníamos importantes trabas burocráticas, políticas y económicas a superar, pero que se insertaban dentro de un marco geográfico favorable. La incorporación de países andinos a un proyecto común se enfrenta a una barrera amazónica (en sentido literal). La existencia de la selva no facilita un tránsito fácil entra las comunidades fronterizas y así no contribuyó a la consolidación de las áreas geoeconómicas tan articulados como en el Sur(donde existían las llamadas "fronteras vivas"). Además de eso, varios de nuestros partners amazónicos practican un nivel de comercio relevante con los EUA o tienen acuerdos entre sí (caso de Venezuela y Colombia) que actúan de contrapeso a la creación de nuevos y mas profundos vínculos con el Mercosur. Mientras tanto, estos aspecto no serian del todo insuperables. Bien es verdad que Colombia ejerció, hasta ahora, un papel de amortiguador del proceso negociador y que buena parte de su comercio se da con los EUA (país con el cual tiene además un ecuación político-militar mucho más compleja). Es también verdad que Venezuela, a pesar de sus reiteradas declaraciones en favor del acuerdo de libre comercio, nunca hizo aterrizar en la mesa de negociaciones esa tan divulgada disposición política ( lo que no evitó que avanzásemos varios proyectos de interés común con Venezuela en los últimos años, como el aumento de las compras de petróleo, gas y la apertura de nuevas conexiones por carretera). Sin la implicación explícita de Colombia y Venezuela, dificilmente estos entendimientos pasarán a un nivel más avanzado y concreto. Falta así aumentar el atractivo del acuerdo, señalizando el acceso real a sectores del mercado brasileño hasta ahora preservados, sea por la acción de "lobbies" internos, sea por la virtual reserva de mercado que le quieren imponer nuestros socios del Mercosur. Con esto, ciertamente estimularíamos apoyos internos en cada uno de esos países y podríamos llegar a superar el marasmo negociador resultante de la cómoda posición en que se encontraban los socios andinos por la inclusión, en los acuerdos negociados en el ámbito de la ALADI, de concesiones tarifarias para prácticamente todos los productos de su interés (frecuentemente sin contrapartidas en el pasado, dentro de una política de "gestos" que sólo puede ser atribuida a la cordialidad del carácter del brasileño). Habría que evaluar que cambios ocurrieron durante la última renegociación , por parte de Brasil, de los antiguos acuerdos para tener una idea de como el nuevo cuadro de preferencias afecta la dinámica de los entendimientos en curso. Creo que - a ejemplo de lo que ocurrió en el Mercosur - una vez deflagrado el proceso, todos tenderán a ganar y que el intercambio tendrá un impulso extraordinario.

e) Chile - entre todos los países suramericanos, es el que presenta características más propias y tendería, en tesis, a ser menos propenso a una incorporación plena al Mercosur, dadas las diferencias tarifarias que hoy nos separan. La filosofía económica adoptada por el país en las últimas décadas no deja margen de dudas en cuanto a sus reales opciones: Chile busca una inserción competitiva en el mercado internacional, para lo cual tiene un mercado de servicios significativamente abierto y adopta una tarifa externa lineal (que hoy es del orden del 8% y realiza un "soft landing" anual en dirección al 6% para todos los bienes importados). El grado de apertura alcanzado es consecuencia de los acuerdos de libre comercio firmados con varios países latinoamericanos (Mercosur, México, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú) y un extra-regional (Canadá), para un mercado estimado hoy en 434 millones de consumidores. Están en curso negociaciones con los EUA, Corea, América Central y Cuba, dentro de la reconocida "prioridad central para Chile de liberación del comercio mundial", puesto que se trata de "país con un mercado interno reducido, lo que requiere una participación activa en el comercio internacional como forma de mantener tasas de crecimiento sostenible" (apud documento de su Dirección General de Relaciones Económicas Internacio-nales). En consecuencia, el abastecimiento del mercado interno chileno (excepto el agrícola) está abierto a la competencia de cualquier origen. esa estrategia económica requiere, además, que la producción doméstica se concentre exclusiva-mente en aquellos sectores en que la competitividad interna es suficientemente elevada para asegurar condiciones de competencia con los importados en todos los campos de la economía. Esto porque la tarifa externa chilena es absolutamente neutral (esto es, al contrario de la TEC, no favorece la importación de insumos a través de menores niveles de impuesto de importación, ni otorga protección más elevada al bien final) y, por lo tanto, no tiene incorporada (como en el Mercosur) una política industrial. Esa filosofía económica redundó en una clara especialización de Chile en los sectores de la pesca, madera, celulosa, frutas y vinos, además del cobre y sus derivados. No es así sorprendente que las ventas chilenas para los países desarrollados tengan una alta concentración en recursos naturales (algo en torno al 26%) y recursos naturales procesados (alrededor del 60%), restando menos del 10% para los productos industriales ( ¡ 0,7% en el caso de las ventas al mercado japonés !) Significativamente, mientras tanto, esa escala mejora sensiblemente cuando el destino son sus socios latinoamericanos - lo que eleva el porcentaje de productos industrializados al 37% (en el caso del Mercosur), 51% (Comunidad Andina) y 28% (en el caso de México). Esto revela que la región presenta mejores oportunidades de intercambio para Chile, al ser - aparentemente - el único destino a donde puede (para usar una jerga tan a su gusto) !"exportar ineficiencia"!. Así, caso Chile decidiese profundizar esa opción e ingresar en el Mercosur, la cuestión que se colocaría es como iría a compatibilizar su política tarifaria con la adoptada por los Cuatro y como iríamos a absorber sus activos esfuerzos para la formación del ALCA y su participación en el esquema de liberalización comercial de la APEC, en la Cuenca del Pacífico. Inversamente, se puede uno preguntar qué ajustes tendría que hacer el Mercosur para sumarse a Chile en una inserción del tipo que persigue. Desde luego, la reducción de la tarifa media del Mercosur para aproximarla a la tarifa única lineal de Chile, no obviaría el hecho que tenemos puntas tarifarias que reflejan opciones "desarrollistas" claras para determinados sectores. Adoptar el perfil tarifario de Chile significaría, ciertamente, el desmantelamiento de sectores importantes de la economía brasileña, sin tener las condicionantes, que el propio Chile reconoce, de un "mercado interno reducido". Como resultado, cualquier aproximación del Mercosur a Chile (y no a la inversa, como parecería natural) implica, a rigor, un cambio de filosofía económica y en última instancia, es un movimiento en sentido de "alcalinización" o de "oemeceización" del Mercosur, esto es, amplía el grado de apertura unilateral de su mercado de bienes y servicios, con las consecuencias antes señaladas, aunque esto signifique un mejor acceso (formal, por lo menos) a mercados externos - y como tal tiene que ser evaluado y ponderado objetiva y exhaustivamente.

f) MERCOSUR - el esquema de integración entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay es un innegable éxito comercial. El intercambio intra-regional pasó de 4 mil millones de US$ en 1991 a 20 mil millones de US$ en 1998. Ese crecimiento recayó sobretodo en la "creación de comercio" (el sector que más se expandió fue el del automóvil, objeto de escasas importaciones de otros orígenes). El principal "desvío de comercio" ocurrió probablemente en el sector del petróleo, por el cambio de dirección estratégico de parcela substantiva de compras de la Petrobrás para Argentina (por razones más logísticas que económicas, ya que el producto es cotizado en el mercado spot internacional). El Mercosul opera además como un eficaz amortiguador para eventuales coyunturas económicas recesivas (en el período entre 1991 y 1993, el sector de bienes de capital de Brasil exportó alrededor de 800 millones de US$ anuales a Argentina, lo que prácticamente le aseguró su sobrevivencia ante la falta de inversiones públicas en este período y la desinversión del sector privado atraído por las ganancias de la especulación financiera). El Mercosur contribuyó para la política de estabilización macroeconómica aplicada por el Plan Real al reducir gastos con artículos de primera necesidad, que componen la "cesta básica" del trabajador brasileño e incidían sobre el cálculo de inflación en la época (a pesar de los efectos de esa política sobre la agricultura en los estados del Sur de Brasil). El Mercosur fortaleció la imagen externa de estabilidad y credibilidad de la nueva fase económica brasileña, pos 94, al reforzar la convicción de que se tornaba más difícil promover cambios inesperados en los rumbos de la política entonces inaugurada. Como resultado, aumentó el atractivo para inversiones externas en el país, con vistas a disfrutar del mercado ampliado que propicia. De paso, contuvo veleidades "naftianas" de Argentina y de "taiwanización" de Uruguay. El Mercosur se consolidó como una plataforma para la inserción más competitiva de los Cuatro en el mercado internacional (lo que es corroborado por el grado de apertura introducido en la Tarifa Externa Común, cuyo promedio es inferior a la tarifa que Brasil implantó en el contexto de la reforma adoptada por el Gobierno Collor, encerrada el 30/6/93). A pesar de estos méritos, el Mercosur no dejó de ser objeto de críticas - más o menos sutiles, para no afrontar el discurso oficial - a la "derecha" y a la "izquierda" (para denominarlas de alguna forma). Los primeros veían el Mercosur como un esquema que crea alternativas a la inserción de Brasil en foros más amplios (como el ALCA) y lo acusaban de estimular "desvíos de comportamiento" que contaminaban la "pureza" de las reglas de la OMC, tenidas como verdaderas tablas de la ley. El Mercosur era además cuestionado en función de la dimensión y de la cualidad de su mercado, en la confrontación con las alegadas "benesses" de un futuro acceso ampliado a los mercados de los países desarrollados para los sectores tradicionales de la economía brasileña (haciendo la vista gorda al hecho de que nuestras exportaciones de mayor valor agregado y tecnológico - salvo el caso más reciente de los aviones de la EMBRAER - se destinan al mercado latinoamericano). Del otro lado del espectro, se situaban aquellos para quienes el Mercosur constituyó un freno a la acción obstaculizadora del Gobierno para introducir protecciones ad-hoc a determinados sectores, supuestamente "en crisis" (a pesar de que este diagnóstico muchas veces no está inmune a acciones de los "lobbies"). Paradójicamente, esa tendencia se confunde a menudo con los mismos sectores que propugnaron, en los albores del Mercosur, por la adopción de una tarifa externa común, como forma de evitar triangulaciones dentro del mercado ampliado y de asegurar las bases mínimas para una saludable equiparación de costes de producción entre los Cuatro (recuérdese que el Tratado de Asunción no preveía la TEC; esta surgió como propuesta brasileña a lo largo de 1993). Ante ese cuadro de fuerzas ni siempre convergentes, el proyecto perdió ritmo, lo que favoreció la emergencia de intereses puntuales de nuestros socios (en especial de Argentina), que puede reducir el Mercosur a un elenco interminable de desgastantes contenciosos bilaterales. Brasil precisa definir con claridad el lugar que ocupa el Mercosur en nuestra estrategia de inserción externa: mantenerlo como "núcleo duro" de la integración regional ( lo que implicaría imprimir mayor dinamismo al proyecto, considerando incluso eventuales mecanismos de cohesión y solidaridad) o aceptar su "reducción" a un acuerdo de libre comercio, lo que lo llevará a "die with a whimper, not a bang" (a "morir de un suspiro, no de una explosión", como diría Elliot). Esa definición es fundamental para que el Mercosur recomponga su atractivo ante las tendencias centrífugas actuantes en la región. En cualquier circunstancia, el Mercosul sólo será aquello que Brasil pretenda que sea.


5. Estos son los comentarios que me parecen pertinentes sobre la política comercial brasileña y que entiendo podría subsidiar la reflexión que las renovadas presiones de la ALCA imponen a nuestras opciones de inserción competitiva en el mercado internacional. Sintomáticamente, el escenario aquí abordado coloca en relieve la primera de las cuestiones levantadas por el "trilema" de Summers (académico y ex-secretario del Tesoro americano), que pondera las dificultades para acomodar simultáneamente políticas competidoras (1) de creciente integración económica (con vistas a alcanzar la eficiente asignación de recursos a nivel internacional), (2) de adecuada gestión pública de la economía (dados los costes y las expectativas en materia de política social, internamente en cada país) y (3) de preservación de proyectos nacionales (ahí incluidos los aspectos relativos a la cultura y a la soberanía nacionales). El énfasis en los puntos (1) y (3) tensan el "welfare state", de las que son testimonio las manifestaciones de Seattle a Davos. La prioridad a (2) y (3) implica retroceso en la globalización, sin que las experiencias autárquicas del pasado tengan demostrado su funcionalidad para la sociedad como un todo. El favorecimiento de (1) y (2) se detiene en las dificultades de implantar un federalismo global equilibrado, como nuevo marco regulador, ante las inevitables diferencias de peso político, económico y militar de los Estados-naciones. El tema es por lo tanto complejo, pero no por eso menos urgente.

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Notas:
(a) Las opiniones vertidas en el presente artículo son de carácter personal.
(b) Otros artículos del mismo autor sobre el Mercosur:
- "Mercosur: origen, evolución y desafíos". Revista Coyuntura Económica de la Fundación Getúlio Vargas, vo. 46, nº 10, de 31/10/91;
- "Un negociador del Mercosur". Boletín de Integración Latinoamericana, edición enero/abril de 1995;
- "No es el momento" (para la creación de organismos supranacionales en el Mercosur).
Revista "Amanhã", marzo de 1996:
- "El Mercosur y Chile". Boletín de Comercio Exterior de la Confederación Nacional de Comercio (CNI), vol. V, nº 10, de Julio de 1996;
- "Mercosur 95-96: un balance". Boletín de Integración Latinoamericana". Julio/Dicbre. 1996;
- "Mercosur: Introducción y Desarrollo". "Anais" del seminario patrocinado por el Senado Federal, 23 a 24 de Junio de 1977;
- "Lo nacional versus comunitario en el Mercosur - la cuestión de los fondos y el estado actual del proceso de integración". Boletín de Integración Latinoamericana, Enero/Julio de 1997.
Barcelona, 20 de Enero de 2001

 

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